Lo más tierno y delicioso de la psicodelia, The Moody Blues, sin duda. Lo mejor está en la segunda parte de la canción.
Disecciones: música Publicado por innuendo
a las
4:33 p. m.
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4:31 p. m.
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4:29 p. m.
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No consientas que se esfume,
asómate y consume
la vida a granel.
Hoy puede ser un gran día,
duro con él.
Hoy puede ser un gran día
donde todo está por descubrir,
si lo empleas como el último
que te toca vivir.
Saca de paseo a tus instintos
y ventílalos al sol
y no dosifiques los placeres;
si puedes, derróchalos.
... - Joan Manuel Serrat -
Disecciones: música Publicado por innuendo
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4:26 p. m.
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El brillo que despide esa foto no se ha vuelto a repetir; aun con las mejoras en las cámaras, más megapíxeles, y por supuesto, más color. Pero la felicidad de las sonrisas impactadas en el blanco y negro de aquella instantánea jamás la he vuelto a ver. Contigo, al menos.
Sí que me he vuelto a reír, y con ganas. Ya ha llovido desde entonces algunas primaveras. Pero he perdido esa fuente de alegría, a pesar de existir otras, pero la nuestra se secó. Pienso que hay tanto que nos separa que ni siquiera nos reiremos de las mismas cosas. Lo pienso y no lo sé, porque hace mucho que no te escucho la risa franca. Mucho murmullo sí, pero las carcajadas no.
Fotografía en blanco y negro. Parece que destinada al pasado, a ser recordada, y no vivida. El color era superfluo cuando toda una paleta tintaba nuestras vidas.
La unión, complicidad, buenas intenciones, prioridades comunes. Se rasgó todo como tela pasada. Y ya nada volvió a ser como antes.
Quizás ya no le dedicas a esto nada de tus pensamientos. Yo, aunque reniegue, no pasan los días sin que alguno recuerde. Saber que te veo todos los días y sólo me dedique a recordar, significa que el presente no alberga nada. Nunca pensamos llegar a esto, ¿verdad? Pero te miro y sé que perdimos la batalla. Creo que ya ni existe un tema de conversación llamado “nosotras”.
Tu mirada es tan trasparente que veo a través de ti, no me topo con ningún gesto especial, y mis ojos traspasan tu cuerpo, como a un fantasma, con la tristeza del que piensa en pasado.
a las
4:23 p. m.
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Me pregunto qué habrá sido de la perdiz que anoche sobrepasé en la carretera. … ¿Seguirá viva?
El veneno que llevaba dentro me tenía sumida en un estado de sonambulismo, de autómata al volante. Poco a poco, había tomado demasiado de la esencia mezclada en su saliva, y rompiéndonos los labios, con ánimo de destrozarnos la carne en vida, me emborraché del brebaje maldito… ése que todo lo toca y transforma, a mi espíritu inunda de transgresión, y el rojo de mi sangre se tiñe de su viscosa oscuridad, detiene el curso normal de las cosas… lejos, muy lejos de mi sentido estricto. Cerca, muy cerca del punto de No Retorno.
Mis manos sabían el camino a casa y con eso ya resolvían parte del problema. Pero quién me devolvía al magma donde quería sumergirme; frío o caliente, el resto de mi cuerpo nadaba de gusto con vaivenes bailados sin música, apenas guiados por suspiros de pulmones agotados. No sé cómo no me ahogué, porque en ningún momento me preocupé por respirar, sólo me desinflaba más y más, en forma de aliento en su oreja, de bufidos a sus espaldas, de gemidos insonorizados, de boca a boca, entre ola y ola. La vista empañada, o quizás las gafas que no llevaba, o los cristales que no miraba. El caso era lo difuso que estaba todo, la ausencia de líneas, todos los colores reunidos en el negro y grises muy próximos.
Lo confuso de ver sin reconocer, de ser sin querer, de caer sin doler, poder y no hacer, y finalmente hacer: humedecer, emerger, verter, beber, lamer, morder, encender, arder, poseer, …y todo a la vez, satisfacer, yacer y desfallecer… de placer.
De pronto, y no sé cómo, la vi. Me encontré con que los cristales eran negros, más negra la noche, oscura la carretera, y mucho más mi mirada, que apenas detectó el ave, que en décima de segundo deduje que sólo pasaba por allí, y en la siguiente porción de tiempo recurrí a dioses, estrellas fugaces y deseos apaga-velas para hacer coincidir al pobre bicho entre rueda y rueda, y con mi cuerpo preparado para un, más que probable, salto que nada amortiguaría. Afortunadamente, nada sentí más allá que otro tramo de asfalto, liso y sin incidencias. Quizás le destrozara la cabeza, o simplemente le induje un infarto de corazón de perdiz, por eso me pregunto por la suerte que corrió el ave.
Será que hoy prefiero pensar en el dichoso animal, en el exacto punto kilométrico, en el preciso acorde de la canción, en cualquier tonalidad del negro que lo envolvía todo. Que nada más pasó esa noche, [[…y todo a la vez, satisfacer, yacer y desfallecer… de placer]] sólo un perdigón por mi camino.
a las
3:53 p. m.
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