Imagino que, como el que reconoce la exquisitez en un buen plato, o el que saborea un licor bien madurado, ese suspiro que se le escapa al que se siente colapsado por el placer de probar algo sale también de mí cuando vuelvo a Stan Getz. Pone el punto de clase a las, a veces, desordenadas notas del jazz, no formal, sino atractivo y valioso. Y a pesar de ser obras concebidas en el ambiente cargado de un antro, creadas a partir de dedos grasientos, que en el intermedio tontean con el alcohol y tabaco, incluso con el escondrijo de alguna mujer, nace la melodía y si él la interpreta, se limpia por su suave sonido (The Sound)… suavidad extrema, como un ronroneo débil en el cuello durante un baile de los de bailar pegados.
Stan Getz es el tipo que todos quisiéramos al lado, para hacernos sencilla la tarea de traer a nuestro territorio a quien se sienta justo enfrente en la mesa; es el que hace el trueque, una cena corriente por “algo más”, porque él suena, y quien lo escucha ya sabe que en dos besos no se quedará. Hay músicas, en sus distintos estilos e interpretes, que quieren liderar el momento… pero hay momentos que sólo tienen dos protagonistas, lo demás sobra, y en ese pequeño espacio que queda para ambientar, sin perder identidad, se cuela Getz y su pedazo de tenor, de refilón pero bien cómodo en su función. Hay quienes en espacios pequeños se hacen grandes.
quisiera yo tejerte letras
que sólo tú entendieras,
que provoquen tu invisible sonrisa.
No, las sílabas no empieces a contar,
que la métrica me aprisiona
para describirte la boca
labios, comisura, lengua, ¡y ya no más!
Palabras tontas, insultantemente
escasas e incompletas, sosas,
en las que entretengo el coma,
sopor de estar inerte, por no tenerte.
Que cómo transcurren mis días…
los invierto en adivinarte,
abracadabra, y es martes.
Viernes, vienen tus letras, esencia mía.
¿Lo ves? Amoldarme a la consonancia
rebaja todo lo que quería decir
limita lo que sale para ti,
se queda dentro, y tú en la ignorancia.
Que de saltar de verso a estrofa
se me escapa el empuje
por decirte lo que huye
y… ¡voilá! voltereta caprichosa,
de un brinco, de estrofa a párrafo,
se estira el bucle
la magia se diluye
como ilusión, como en un ocaso
se desvanece la tarde, en la levedad,
donde se deshilacha
lo que yo creo y mata
el sentido común; lo que la realidad
niega, reprime, maltrata… que de noche
estás demasiado ausente,
y aunque nunca presente,
de noche la Verdad es un derroche
de franqueza, sí, QUE NO ESTÁS,
mayúsculo tu vacío,
y hace mucho frío
ahí fuera, pero aquí, sin ti, más.
Perdóname este atrevimiento,
de quererte impresionar
sé que ha quedado fatal…
…sshhh sigamos escuchando
[el viento.
Disecciones: atardecer , ilusiones , Poesía Publicado por innuendo
VIOLETTA:
Siempre libre, quiero
retozar de alegría en alegría,
quiero que mi vida discurra
por los senderos del placer.
Nazca o muera el día,
que siempre me encuentre feliz;
a placeres siempre nuevos
debe volar mi pensamiento.
ALFREDO: El amor que es latido…
VIOLETTA: ¡Oh!
ALFREDO: … del universo entero…
VIOLETTA: ¡Oh! ¡Amor!
ALFREDO: Misterioso, altivo,
cruz y delicia para el corazón.
VIOLETTA:
¡Locuras!
¡Divertirme!
Siempre libre, quiero
retozar de alegría en alegría,
quiero que mi vida discurra
por los senderos del placer.
Nazca o muera el día,
que siempre me encuentre feliz;
a placeres siempre nuevos
debe volar mi pensamiento.
Disecciones: música Publicado por innuendo
a las
5:52 p. m.
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Con tanto aroma floral y colores vivos… entonces ¿por qué decrépito? Porque hoy vuelves al sentencioso silencio en que enmudecieron todos los que en ti habitan, la visita se acabó, y la aplastante soledad, con el sol y el aire como únicos visitantes, te devuelven a la rutina. Y las gentes saben que permanecerás en el mismo sitio, impasible, verdadero, hasta que la falsedad pasee de nuevo unos días antes del que hoy corre.
Sigue, pues, blanco e impoluto, donde los vivos guardamos los recuerdos, y más que guardarlos, aprisionarlos tras unas lápidas para que no nos duelan, para rehacer nuestras vidas de vivos, que con el dolor continuo de vuestra pérdida no hay vida que merezca la pena.
Dormid, pues… morid.
Disecciones: Andalucía , muerte , otoño , Pueblo , silencio , tiempo Publicado por innuendo
a las
5:48 p. m.
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Sé que me prefieren débil, pero perdón por no dejarme vencer. Porque pido perdón por el pasado y para el futuro, porque no cambiaré mi forma de ser.
Publicado por innuendo
a las
5:47 p. m.
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