Paco de Lucía interpreta a Manuel de Falla




¿En qué estaría yo pensando cuando me compré este disco?...


No sabía de Falla más que era andaluz de pro, compositor clásico, y que probablemente estaba muerto. De Paco de Lucía, que era guitarrista afamado, pensaba y sigo pensando que más valorado internacionalmente que aquí. Del disco no tenía ninguna reseña previa, me lo encontré pasando discos rápidamente, y mi sensación fue que debía ser un buen álbum, que al menos sonaría bien, que quizás era uno de esos que había que tener, dicho por alguien. Hoy me guío por el mismo instinto, sin atender a lo que diga alguien.


Y sí, suena bien. Paco de Lucía no suena mal, aunque se lo proponga. El disco es de 1978, para entonces ya había dado cuenta de su virtuosismo, de la síntesis que transmite al acariciar cada nota, y que no se olvida de esas notas que parecen perdidas y sin sentido de ser tocadas, esas que hacen bulto, que enfatizan a los acordes más característicos de cada canción. Sí, para entonces ya había tonteado, y de qué manera, con el jazz, con canciones populares, de lo más flamenco a lo más latino, acompañado, solo, y ahora se atrevía con lo clásico para sacar lo más flamenco del lo más clásico de Falla, del Falla más costumbrista, ése que torció el escrupuloso sonido de la orquesta para las escenas comunes de la vida. Por eso entra en el oído y sentir de cualquiera, porque expresan sensaciones habituales, simples, sin remilgos ni banalidades complicadas; y así, sin cargarse, ofrece una visión intensa de lo que alguien debía haber compuesto, alguien debía hacerlo, alguien debía decir así las cosas, y fue Falla.


Es Manuel de Falla, y es Paco de Lucía, sin intromisiones y con respeto; pero es una versión, ya se dice en el libreto, es la visión de Paco, sus modulaciones y arreglos de una música que todos conocieron. Por tanto, creo que el título del disco no es acertado… Paco no sólo interpreta, es más que eso. Y esta visión particular se palpa aún más en los temas que lo acompaña el grupo Dolores, con aquellos jóvenes Jorge Pardo, Carles Benavent, y una percusión que aporta una dinámica especial a la canción.


Habrá quien piense que el que sepa (o haya intentado) tocar la guitarra es quien valore a Paco de Lucía… bueno, está claro que haber sufrido la dificultad arrancarle armonía a la guitarra eleva mucho más el arte de este guitarrista. Yo sólo sé escuchar, y siento la armonía que entra cuando el sonido llega. Y ahora no se me ocurre con quien compararlo, a parte de la debilidad que tengo por mi paisano… Como se dice aquí, Paco es un monstruo.

sábado, 13 de febrero de 2010 a las 1:12 p. m. , 0 Comments

Closer

Hace días que enciendo una vela que se quema lentamente. Pequeña su llama, altamente alterable, cargada de susceptibilidad; mínima. Con frecuencia se ahoga en su producto licuado, poco a poco, derrite más de lo que le deja vivir. A veces no soporto su deprimente vida, siempre a punto de expirar, y de un soplido la dejo entre unos paréntesis de comatosa espera, muy parecido a su presente (tan cercano a la muerte). A veces es ella misma quien no puede más, y se agota en un silencioso final, una tímida exhalación de lo que fue en formas sensuales de humo definido. Breve epílogo de la angustiosa vida de su minúscula llama amarilla.

No sé quién se acerca más a quien, si yo a la vela, o ella a la muerte.

jueves, 11 de febrero de 2010 a las 7:26 p. m. , 0 Comments

Mari Trini - Yo no soy esa

otra canción heredada

lunes, 8 de febrero de 2010 a las 12:22 p. m. , 0 Comments

Haití, a través de la miopía

Me quité las gafas, y la miopía difuminó los datos, ya no sabía si aquello era un 3 u 8, tampoco pude afinar con el concepto de tal cifra, si eran miles, o centenas de millares, si damnificados, mutilados, huérfanos, o simplemente historias tristes.

Por un lado, movimientos sociales recaudando mucha solidaridad. Por otro, sí, al otro lado del Atlántico, un desastre que por su brusquedad había captado la atención del ojo de Sauron. Tantos otros desastres crónicos, sin dolor agudo, consentidos y abastecidos de miseria e indiferencia por la comunidad internacional… o el ojo de Sauron, un ojo con una sensibilidad especial, que tenemos cada uno de los occidentales, sí, ése que expulsa los desechos, el cíclope que todos llevamos dentro.

La ineficacia de saciar la necesidad de cada cara hambrienta, sedienta, enferma, o sola, ese fallo en la entrega es la mejor y más recurrente excusa del que no da (sí, del verbo “dar”).

No, no relataré los numerosos puntos que podría mejorar la organización de ayuda in situ. Todos sabemos que las cosas no se están haciendo bien, que… ¡¿qué cojones pasa con la ayuda?! ¿qué será de los niños que se están llevando de allí? ¿qué será de los que allí quedan? ¿qué será de los hijos de puta que se hicieron fotos manchando la labor humanitaria de los sanitarios que allí acuden? ¿qué pasa… que no hay otro “we are the world”? Que los políticos no se hagan más fotos, que las cámaras retraten la realidad. Qué bella la sonrisa del que no tiene nada.

Hoy me quité las gafas, y no logré ver los datos expuestos en los rótulos que acompañaban la noticia. Pero entre el distorsionado mundo que la miopía me aportaba como realidad, sí que se dibujaban con nitidez la tristeza de caras necesitadas, y aún casi ciega, las palabras de la reportera me llegaban en forma de imagen del desastre, crónica de catástrofes pormenorizadas en el tiempo y el olvido impuesto por la actualidad, que es la peor distancia. Y en esa visión burda, sin detalles, me dí cuenta con demasiada claridad, casi lacerante, que llevaba unas semanas ciega, incluso con las gafas puestas, y que sólo en ese momento de privarme de lentes vi… palpé, sentí el desastre, invisible tras una cortina de cifras, y oculto, oculto como en un eclipse tras mi ombligo, y me puse colorada, no de rabia, sino de vergüenza, porque finalmente me había comportado como todo lo que odié un día. Que todavía no había dado ni un puto duro, refugiándome en no querer ver, en excusas de tasas de transferencias, de que no llega la ayuda, en buscar culpables de la pobreza previa al terremoto, y en ese asqueroso desánimo que no consigue levantar al mundo.

viernes, 5 de febrero de 2010 a las 12:21 p. m. , 0 Comments

Análisis de la actualidad

Para analizar la actualidad: mejor cambio de canal.

Para analizar la actualidad: creo que apagaré la tele.

Para analizar la actualidad: cambio de emisora.

Para analizar la actualidad: silencio la radio.

Para analizar la actualidad: iba a leer el periódico, pero mejor analizaré la actualidad…

Para analizar la actualidad: vivir, y lo de analizar para mañana.

miércoles, 3 de febrero de 2010 a las 6:27 p. m. , 0 Comments

Just a little more, baby...

Fue calificada como “errónea”. Para mí, con que empezara con Barry, ya era la más adecuada. Era la noche adecuada.

Él picaba y surgía el prurito, el escozor de la curiosidad, explotaba la burbuja que contenía lo vertido en silencio, ponía de manifiesto los colores en las mejillas, subía la bilirrubina, destapaba el descaro, paseaba el deseo… ¿Feromonas? ¿Entendimiento? La chispa inicial y el mejor acompañamiento. Qué más da… el resultado es personal.

Con Barry no hay incertidumbres, es sensualidad productiva, no la que se pierde en tantos gestos, sino la que lleva a otra cosa, puntos suspensivos que continúan en párrafos de puntos y seguidos. No el desnudo integral, sino horas y horas de disfrute del gerundio.

Qué mal llamados otros como los reyes del soul, o del funk; él que no aspiró a apellidos decorativos… lo suyo era y es provocar la llama, y cuántos recién nacidos debieran llamarse… Barry White. Aquí una que no te olvida, Maestro.

martes, 2 de febrero de 2010 a las 11:52 a. m. , 0 Comments

Strawberry Alarm Clock - Tomorrow

¿por qué esperar al martes para empezar bien la semana? Jódete, lunes, que hoy hace sol, y tomorrow... tomorrow será mejor.

lunes, 1 de febrero de 2010 a las 12:16 p. m. , 0 Comments