No puedes golpear lo que no ves

“No puedes golpear lo que no ves.”

Te congelaré, espíritu evasivo,
ente abstracto donde los haya,
y golpearé tu gélido espectro
hasta destrozarme los nudillos,
maltrechos entre esquirlas de escarcha.

Te crees invisible pero conozco tu retorno,
por eso te dejo un hueco en la cama…
llevo toda la vida durmiendo sola
y no me acostumbro, como si en otra
siempre hubiera estado acompañada.

No me reproches que creer en ti
es rendirse a no creer en nada.
Qué sabrás tú de acostarse pronto
para dormir con la duda de si
esa noche vendrá mi dulce hada.

Sintetizas la Ausencia en tu forma
de bailar con la cortina, la sombra
que de ti se desprende, la Nada
que hace levitar la pequeña mota
de polvo de la estantería.
                            [Y todo sobra.

Porque tú ya eres todo lo que me falta.
Soledad…

jueves, 29 de julio de 2010 a las 7:03 p. m. , 0 Comments

Allí donde muere el sonido

En su silencio he roto ruidosamente
mis cerámicas mejor valoradas,
si mis palabras fueran de porcelana
y mis párrafos juntos conformaran
estructuras bellas y delicadas.

Su silencio:
el de una amiga que calla,
el de un paisaje que
invita a no decir nada,
o el de un cementerio
un día sin onomástica.

Silencio, cuando de algo mucho sonido se esperaba,
por su importancia, por la fantasía que desbordaba,
y sin embargo, todo eco se ahogaba como en agua.

Acaso, ¿no debieran ser estruendosos
los ligeros y elegantes movimientos
del ave al volar? ¿y qué hay de los bellos
rayos del sol que tanto hacen levantar,
dios y dueño de lo que conocemos?
¿no deberían ser tronantes
sus coletazos en el viento?
¿qué, de la caricia mínima,
o el valor de Ser cada día?

Qué sucede con los susurros
que reducen sus decibelios
ambicionando ser silencio,
y tanto dicen. Qué transcripción
tendrían en el pentagrama
todos tus gestos y los míos,
aplastados por campanadas,
caos de bombas y su metralla,
gruñidos, música, alaridos…

Qué será de las heridas en La Luna
que no provocan su quejido.
Allá donde no haya aire,
allí donde muere el sonido,
allí donde pesamos menos,
donde no me importe decirte…
                               [te quiero.

martes, 20 de julio de 2010 a las 12:23 p. m. , 2 Comments

Especialmente: y ahora el palo sobre la cabra


Venga, disuélvete en las aguas templadas de la delicadeza. Son cálidas, ajustadas a tus ganas de mi verborrea pastelera. Qué bien que decidimos ser de mundos distintos. Aléjate, no vaya a ser que te roce. O que te mire, que te hable, que te palpe, escudriñe, adivine… Te vas. Vuelves, con ganas de más. Oh, vamos, si ya sabía de tus artes gatunas, pero… ya sabes, me dan angustia los gatos, sus restregones me dan asco, me da… me repulsa el pelaje con que te escurres entre mis piernas, describes el símbolo de infinito entre ellas una y otra vez, no te cansas, yo me dejo hacer, describes, dibujas, dices, escribes, vibras, saltas… pero nada queda tras tu función de magia. Y con las explicaciones a medias, te esfumas, al espolvorear polvos picapica, se te había acabado el efecto humo; toso y lloro sin sentir. Tengo la rima como restos de comida entre los dientes, no consigo hablar correctamente, todo lleva un par de vocales para conseguir versos pares. Hazme un truco de los tuyos, para hacer explotar mi vocabulario, que tengo ansiedad por tus verbos randomizados, dime cómo lo logro, cómo lo hago… para recordarte como frases sueltas desde el anonimato. Dime cómo lo logro, cómo lo hago, para escribir sin que te aludas, explícame porqué con sólo una letra, cambio aludir por eludir, significando lo contrario. Qué me traes, sólo pistas falsas de deducciones sobre tus supuestas maneras de ser. Hum… misterio. Te iba a pedir un bis de tu función final espectacular, pero no haces caso al público que te pagó por hacer lo que queríamos de ti. Sé libre. Es mi consejo. Es tu deseo. Esta vez, hazte el truco a ti, y comprobarás que no sirve como realidad. Yo ya no pago más por verte, lo que cualquiera me ofrece sin el etiquetado “especial”.  

a las 9:52 a. m. , 0 Comments

B/N... y rojo.

lunes, 19 de julio de 2010 a las 1:37 p. m. , 0 Comments

Como golpes en el piano, de notas bemoles. La victoria pasa la factura con sus condiciones. El triunfo, la venganza, cobrarle su antigua desgana con el actual brillo pornográfico chispeando en sus ojos midriáticos. El triunfo suena a un soberbio movimiento ruso, y me permito mirar desde arriba, sólo unos instantes, justo antes de creérmelo, que palpita ese corazón por mis, ahora sí, antiguos Te Quieros. Espere un momento, quiero disfrutar como el animal más desdeñable y rastrero, de risas sardónicas y como mirada, un reojo virado con recelo. Espere un momento, que ambiente esto con mi amigo Sergio, la escena se merece un allegreto, necesito esa frialdad de mis norteños, para mirar desde lo lejos, desde la distancia más infinita, la del triunfo sobre los sentimientos. Hoy no cuento las sílabas, que le den a la métrica, hay tantos hiatos entre nuestros puntos comunes que jamás podré decir una palabra de corrido para enarbolar piropos bonitos.
Sergei, arráncate de moderato a vibrato, que truenen tus adagios, que desprendan todo lo que se descama en mis tejidos, hazme el favor, sin preludios ni descansos, que tiemble la desidia, por romanticismo ruso, que vuelva Lo Oscuro.


Leif Ove Andsnes interpreta el Concierto para Piano nº1, opus 1 de Sergei Rachmaninov, Primer Movimiento (Vivace). Y ya nada más se puede añadir. A partir de aquí, acaba la palabra y comienza el arte.


viernes, 16 de julio de 2010 a las 1:13 p. m. , 0 Comments

Avisé de que podía pasar



Avisé de que podía pasar, me dediqué de filtrar alguna expectativa. Mi invitación personal aparecía continuamente esparcida por las calles. En invierno, esos papeles se conformaron como pasta de celulosa mojada, taponando alcantarillas, ensuciando, estorbando. Nadie se lo creía. Me equivoqué de diseño, de palabras, y la mayoría de veces, de fecha. O quizá es que me había equivocado de sueño. Avisé… avisé tanto que dejó de tener importancia. Usé las comillas, la cursiva, la mayúscula y signos exclamativos. Mis recursos resultaron fútiles. Mis esfuerzos forzaron a los incrédulos. Esto, después de tanto tiempo, ya no tendría interés, que nadie viraría la mirada hacia mi bandera del triunfo. Guardaba una frase, algunas canciones para esta ocasión. Chupinazos. Bravos y júbilos. Pasé unos meses en los que bajé mi umbral para con la humildad. Me reconcilié con temas pendientes. Aprendí a callar aún más. A disfrutar obligatoriamente del silencio. A disfrutar, sin adverbios, del silencio. Aprendí. A dejar de lado venganzas. Tomarme la superación como un acto de lo más deportivo. Amar por lo bajini. Sonreír y buscar mis alternativas. A crearme y creerme mi propia suerte, esa a la que no se pueden evadir las quejas del gesto roñoso de la pereza. Creí en una sola frase, la de mi madre. Renace de tus cenizas. Ahí van todas mis sonrisas. Porque no hay nada más espléndido que encontrar la carcajada entre mis ruinas. Pocos, escasísimos protagonistas, atrezzo el de hace ya siete… SIETE años. Siete años en la medicina. Y ya no más. Aprendí lo que me dijeron que aprendiera. Yo esculqué más allá, y no solo aprendí lo que más allá encontré, sino que son esos apuntes que no se pueden quemar, esas experiencias ausentes de créditos universitarios, las que no van en diapositivas, todas esas notas que no pude tomar de los inútiles profesores asociados y de soberbios catedráticos. Soy lo que quise conseguir y no por la gracia de dios, ni por la acción de algún favor, ni por los llamados “regalos” de esta, mi querida, facultad de medicina de Córdoba. Soy no sólo lo que la vida me ha dejado ser, he luchado para alcanzar lo que no se me ofrecía, lo que tú no creías. Me robabas la esperanza sin saberlo con tus dudas escritas en tu manera de animarme, esa manera de animarme… Con comparaciones, y la decepción impresa en tu mirada, mi manera de No Triunfar. Mis siete años no son siete, sino seis más uno de profunda vergüenza, de abismo para conmigo misma y con el resto. Tuve que luchar contra las balas anónimas del hartazgo, y poner a esas heridas unos parches de mi esperanza, y mi esperanza cubriendo la baja confianza de los demás, estirada, convertida en fina capa. Oscilaciones. Una línea basal trémula ante pequeños cambios. Estudiar medicina es en sí mismo la Yatrogenia. Y al mismo tiempo, la yatrogenia es mi manera dulce de autodestruirme, en esa pequeña lucha interna de cada día. Sólo pasé de etapa, con prórroga añadida, pero sigue habiendo mucho camino por recorrer en el mismo sentido. Es lo que he elegido, el sueño es mío, aunque la medalla es compartida.
Avisé de que podía pasar… y ha pasado.
CHÚPATE ÉSA, COYOTE ESPACIAL.

jueves, 15 de julio de 2010 a las 11:06 a. m. , 0 Comments

¡Habemus LICENCIADA!


la victoria debe sonar a esto... Sí, suena a esto.

miércoles, 14 de julio de 2010 a las 5:21 p. m. , 0 Comments