Mano negra, bata blanca

Te desprecio, niño rico.
Me asquea tu cara de pijo,
tanto o más
como tus putos apellidos
que te preparan
el mejor de los caminos,
el que te libra de escollos,
el que hace falsos amigos
el que te lanza al éxito,
el que te regala los oídos,
que te cubre de méritos,
pero pregúntate…
¿cuánto vales de médico?

Denigras la profesión,
y sólo serás la continuación
de una cadena de errores,
que se cuentan como honores.
Tus risas resuenan en seis años
de enchufes y pisotones
arrebatando esfuerzos
de nosotros, los inferiores,
los que no tenemos padrino.

Desde primero ya lo sabíamos,
que tú eras distinto;
cuidado estaba tu destino.
Representas todo lo antiguo,
la herencia del dedismo,
bien está tu bautizo:
el enchufado, el elegido.

Chico con buena estrella,
de abultada cartera,
tú, que no necesitas beca,
el puesto de papito
te paga la carrera.
Detrás de tu sonrisa
va la puñalada trapera,
y pretendes que me crea
que si tengo un problema
tengo tu mano compañera.

Por último,
decirte que no eres
el único:

Una y otra vez,
me preguntan los doctores
que si mi padre es médico,
pues mire usted
con todos los honores
mi padre no es del gremio,
y aun así, también
merezco de sus atenciones,
aunque no sea del todo ético…
no…no diré
nada, me tiene cogida por los - - -
no denunciaré su trato pésimo.

sábado, 1 de noviembre de 2008 a las 10:04 p. m. , 0 Comments