nido en el árbol bronquial



estás ahí, justo tras de mí. 

Solo un paso en falso, y caigo en ti,
                                               [en mí].
En la oscuridad.
En la siguiente curva, en el millar semanal,
eres ese zapato accidentado que quedó en el arcén.
En la libreta rancia y dorada,
eres folio en blanco por desvirgar.
Eres la alarma en cualquier cama de guardia, 
a la que me adelanto cada mañana.
Eres un mal gesto.
Una sensación continuamente recordada 
recuperada mi amnesia anterógrada,
olvidada mi memoria retrógrada.

Un dejà vu.
Tras de mí.
Una señal
disfrazada de un good luck
Estás ahí, 
por mucho que me empeñe en obviarte. 
De eso se trata mi vida, 
                          [a días, 
en ignorar lo que soy en raíz
                            [tras de mí,
lo que vive bajo tierra
y esconde la primavera.

Pero mi elección es obscenamente franca,
que me ayude a vivir arriba, en las ramas, 
en el nido de nuestro árbol bronquial
aunque fuera cáncer, siempre gana.
La elijo a ella, con su luz bien, 
y a pesar de sus peores tinieblas
son más lúcidas que el mejor 
de mis enterrados propósitos. 
Elijo nuestro camino de error
bendito, contra pronóstico.

Déjame, oscuridad, que viva en sus tinieblas. 
A ti solo te dedico lágrimas
cuando la felicidad me ciega.

lunes, 20 de marzo de 2017 a las 6:57 p. m.

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