Sin saber lo que digo,
[sólo siento.
Que la fuga abre su vía
y sale el chorro tieso.
Y en ráfagas, las notas disparadas,
como flechas de un arco
cuya cuerda es del mismo nylon
del piano de este camarada
de una misma patria
que nos acoge en asilo
a los desamparados de ánima.
Y en ráfagas…
fusilan a los acogidos,
nos, y qué más da,
si ya me dejé atrás
todo lo que podía perder,
[perdido,
arrebatado… el sentido.
Hey, ¿cómo estás?
– No me quejo-.

Hoy me quejo, es sangre lo que voy escupiendo,
oh, pero no temas, no estoy tísica,
mi mal es alguna alteración
de los humores en el equilibrio interno…
ays, ¡Hipócrates! ¡Galeno!

Déme un beso.
Estoy cansada de nombrar a viejos,
y si no, muertos,
que hoy estaremos respirando
la ceniza de sus huesos.
Que no quiero recordar,
déme un beso.

domingo, 3 de enero de 2010 a las 12:48 p. m.

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