De limpieza

Solicité una conferencia con el Gran Ente Desconocido. Yo le asocio barba y sotana blancas.
Me aceptó la llamada a cobro revertido.
Me puse la mano en el corazón, para facilitar la cobertura.
Y conversamos.
Lagrimeaba profusamente mientras se sucedían mis desilusiones intermitentes.
Tenía mucho que contarle. Pero nada era nuevo.
Le pedía amparo, consuelo, compasión y consejo.
Esa noche llovió. Como en Ben-Hur, mientras dios descargaba copones tras la muerte de su hijo y/o él mismo, y se limpiaban las leprosas, las aguas se llevaban el odio, la sangre derramada, el dolor, y quedaba la resurrección como curación al resentimiento.
Yo amanecí en el mismo estado físico, de carne y hueso, y no en una versión etérea. Pero algo se había llevado la noche, los malos sueños, las aguas, … Un aire fresco abrió el balcón. Y entró la vida. O las ganas de vivir. No sé qué es primero.

lunes, 23 de agosto de 2010 a las 1:28 p. m.

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