Los descendientes del Gran Duque

Le pedí prestada una moneda al mendigo, la puse bajo mi papel y con un suave toque de lápiz, fui marcando el grabado... Necesitaba algo de realidad entre mis letras, entre tanta fantasía. Se la devolví bajo su mirada ansiosa, le di las gracias y me soltó lo que, de primeras, deduje como delirio: 
- Los que llevamos en la sangre parte de un Gran Duque, siempre tenemos algo que ofrecer.
Comprendí que era demasiado verdad como para ser delirio.
Al reiniciar mi camino, mirando el grabado a lápiz, descubrí que la moneda era en pesetas. Volví la vista atrás, preguntándome cuánto hacía que no le daban dinero al hombre... O si acaso, es que no se fiaba de nadie, y me había prestado algo sin valor. Por probabilidad, me contesté, y sí, con algo más de realismo me alejaba con otro paso de mi mundo de inmadurez.

martes, 24 de agosto de 2010 a las 9:24 a. m.

4 Comments to "Los descendientes del Gran Duque"

me gustan mucho tus textos, son inspiradores :)

gracias, es todo un halago, porque con desahogarme me basta, pero si tiene además surte efecto en alguien, mucho mejor :) Pásate por aquí cuando quieras.

Es realmente escalofriante. En el buen sentido, desde luego.

¿Pero qué dosis es la adecuada para ser realista? ¿La fantasía es signo de inmadurez, o acaso de madurez?

Tal vez lo mejor sea soñar y tener como realidad no perder nunca el norte que nos puede trasladar en unos instantes a Nunca Jamás.

Desconozco cuánto se correlaciona la madurez con la fantasía, o qué sentido adopta la relación, si es que la hay, bien directa o bien inversa. Pero no quiero escudar mi opinión con la absurda estadística.
Pienso que la fantasía debe escapar a ese análisis, que la magia debe ser una vía de escape para el Maduro, y un impulso creativo para el Inmaduro, es decir... que se aproveche, que sea un elemento prolífico. La madurez no debiera ser una restricción para soñar. Y si tenemos que apostar por alguna opción... tú sabes como yo que lo acertado es la Fantasía como signo de Madurez, porque sólo aquél que procese y actúe conforme a lo que piensa, con detenimiento y reflexión, sólo ése pondrá a disposición de su mente todo el potencial para fantasear. La fantasía del inmaduro nunca alcanzaría ese nivel.
Muy bueno que te plantees tales incertidumbres. El caso es Pensar :)