Huyendo de la verdad



A esa velocidad en que de los pensamientos queda un reflejo como deslumbramiento, fogonazos del pasado de un presente que enseguida consume su nombre y concepto. A esa velocidad me puse a pensar, para ir dejando un rastro de inacabadas ideas, como residuos arrojados a las cunetas. A esa velocidad pensé “que te ibas”, y sin acabar de pensarlo, ya te habías ido mucho tiempo y espacio atrás. A esa velocidad, los labios producen arañazos, y los TeQuiero suenan rasgados, como la tela de promesas viejas al romperse, como un resoplido cuando hace mucho viento… que se mezcla con todo lo demás, ni es audible/creíble, ni especial.
A esa velocidad, la luna se me aparecía elíptica, lo horizontal se alarga en ese mismo plano y lo vertical deja de tener sentido. Así, no recordaba nada de lo que me dijiste de pie, sólo retozaba en todo lo que tuviera que ver con tu cuerpo tendido, y yo también en decúbito. A esa velocidad acortaba tiempos para luego dedicar minutos a recordar lo vivido. A esa velocidad, abandonaba rápida tu entorno, y me sumergía en una campiña entregada a la madrugada, a esas horas quieta y fresca, y en las llanas tierras vertía mis sensaciones, me guardaba las punzadas, se dilataban las ideas, y hasta susurraba al aire que entraba violento por la ventana, susurraba con tu saliva aún en mis labios, susurré llamando al silencio. Tu saliva, aún reseca en mis labios, hombros, mejilla… se hacía fría al instante de perderte de vista, que sólo tú le das vida, nada más irte, todo se traza en recuerdo, todo formando parte de un pasado fundado en nuestros deseos, en impulsos que se alzan como origen de todos nuestros gestos.
A esa velocidad, en que al reducir a lo legal… todo se convierte en lennnnnto, y todo aquello deja de ser cierto, a menos velocidad se lee demasiado bien tu verdad.

lunes, 2 de agosto de 2010 a las 11:19 a. m.

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