Cerrar los ojos

Hoy tengo la lucidez, o la valentía de querer mirar, o la indiferencia por episodios pasados; hoy miro hacia allá, por el motivo que sea, y veo la agitación encerrada en un cubículo de límites empañados, dos cuerpos devorados por el ansia de ser uno, como un león cautivo de pequeñas miserias diseminadas a lo largo y ancho de dos vidas, rabioso y queriendo morir estrellado en paredes que cierran los ojos por dolor, por placer… morir momentáneamente, sin ánimo de resucitar… de despertar en esa vida en que dos mirándose, son dos personas solas; que clausuran miradas y sentimientos, por la compañía que se niegan consciente y premeditadamente. Y en esa imaginación se funden en una misma fiera, elemento único y aunado, efímero; son lo que quisieran ser de por vida, cerrar los ojos y reencontrarse en el maravilloso lugar donde quemar insatisfacciones, tristezas, soledades e incluso la indiferencia recíproca; y se evapora el lerdo caminar, y se instaura la decisión, la impulsividad acorta distancias entre la idea y el hecho, y todo se hace fugaz. Ahí, donde tanto morir es vivir, como vivir es morir.

martes, 16 de febrero de 2010 a las 8:53 a. m.

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