La miopía rellena las formas irregulares, con una misma pasta difuminada marca Hacendado®, líneas incompletas que se continúan con la confusión, puntos suspensivos subrayados, como la indiferencia que termina con las intermitencias del tiempo, y hace de él un todo homogéneo.
Con la miopía, no hay muros enormes, ni barreras insalvables; las vallas no son tan hostiles si no se avistan sus pinchos, y una rosa es sólo perfume y belleza, si no logro ver sus espinas.
El desenfoque aporta la duda, y en mitad de la duda, prefiero pensar en la belleza, quizá engañosa, como la densa capa uniforme que cubre las caras de las famosas, maquillaje usurpador de la verdad verdadera… y qué si no, es la ilusión que en la Nada se asienta.
- Por la miopía- le dije, cuando le tocaba la cara, con afán de acercarme y excusarme en la caricia, en una disculpa tan vana, mientras se dejaba hacer, entre el dilema de la suavidad y mi descaro improvisado.
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