Carla Bruni: historia de un descubrimiento, de un engaño y de buenos ratos



[probando probando 1 2 3… ] Hoy escogí este día de resaca de ombliguitis  por la victoria morrocotuda de nuestra selección (onfalitis, si hablamos con propiedad) para soltar todo lo que llevo aguantando de esta mujer… Así que desvío el foco del ombligo español con pelusilla roja hasta la finura y elegancia de un ombligo que nunca acumularía pelusa, ni cualquier sustancia, sólo un olor a perfume caro francés. Parece que por ser quien es, debiera disfrutarla o sufrirla en silencio… Es el mal concepto de los prejuicios. Ella sabe más que aparentar ser la escuálida señora de la Francia.
Descubrí su Quelqu’un m’a dit en el blog musical Bienvenidosalamonga, allí se lo hice saber a uno de sus autores, que lo probé no más que por su recomendación, por venir de quien venía, por la experiencia satisfactoria y a veces sorprendente de sus aportes. De Carla hasta entonces sabía de su vida que, antes de ser la señora de mon petit napoleón, cantaba. Lo que descubrí fue que también componía, vaya, que era una cantautora, además, se colgaba rápidamente su guitarra acústica para tocar con ese tacto íntimo de quien se evade entre el tocar y cantar.
Quelqu’un m’a dit me trajo tan buenos momentos de evasión a lo franchute, sosiego y sensaciones de lo más agradables, que investigué. Editado en 2002, es el primero de tres discos publicados por Carla. El segundo, No promises, en inglés, había una crítica constante en todo lo que leí sobre él, que la Chanson no aparecía de ninguna manera, vamos, decepcionante para quien esperaba una dulce continuación del primero. Comprendo que la cantante quisiera expandir su éxito al mercado anglosajón. Pero es verdad que la calidez del Quelqu’un no se prolongaba con este del 2005. A mí me moló el acento francés del primero, y lo eché mucho de menos; la sensualidad del idioma galo no tiene parangón con el inglés, aunque su manera de cantar fuerza a creer que es la Bruni quien aporta ese nivel de delicatessen a sus trabajos, un tono cansado, conformista, de mujer de 40 años de nalgas firmes, aerobic y ensaladas a punta pala, y que sabe lo que quiere. Que no se me malinterprete, es una apreciación muy personal de cuando cierro los ojos para escuchar bien. No promises contiene algún tema más rockero, pero continúa con cierto tono naïf, simplicidad puesta a juicio como manera de encantar. Algunos lo llaman folk, por tener una guitarra… en fin, yo sigo hablando de sensaciones.

jueves, 8 de julio de 2010 a las 5:53 p. m.

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