Glamour

amour era lo que se leía del rótulo glamour, como una ácida ironía de lo que allí vendían. Las otras letras se habían apagado en un intento de darle un toque menos comercial al intercambio de dinero por sexo. Nunca pareció adecuado, ni siquiera como sarcasmo, el nombre de aquel puticlub. Glamour es lo que le faltaba por todas partes, a una casucha pintada de rojo putón y con esfuerzos por mantener la privacidad de sus clientes mediante una andrajosa tela, rasgada, y sin ganas de ser útil, como las letras del letrero, como mucho parpadeantes y sin ritmo. Quizá sólo funcionara para aquel conductor desesperado que llevaba veinte kms. arrepintiéndose de no haber parado en los clubes del pueblo anterior. Quizá, lo que menos temía el conductor que allí se adentraba era ser descubierto… ojala debiera de temer una represalia… pero nadie lo echaría de menos una noche, a nadie se dejaba en ninguna cama.

Entrar allí era impregnarse de una suciedad que no se iba con agua ni detergente. Esa que no es sólo mugre pegajosa, eso que no es sólo algo que se pega. Y lo sabía. Que no sólo no encontraría amour allí, ni satisfacción, si hablamos en plata. Sino que se iría con menos dinero, y con menos dignidad. No era solo lo que no ganaba, sino lo que perdía.

Antes de cruzar la entrada, deseó tener escrúpulos. O no disponer de dinero.

// Al rato de estar apostado en la barra, reprimió sus ganas de recomendar al dueño del local que retirara los espejos de aquel lugar… la conciencia no puede tener más parecido a la cara de uno mismo.

Y sin hacer daño a nadie, supo que hacía mal estando allí. Con el dinero en mano, se vio confirmando su soledad. Pensó que para eso, justo eso, no había factura. Y qué más da, era autónomo en todos los sentidos.

Y antes de entrar a la habitación, deseó que la muchacha tuviera escrúpulos. O alguna indisposición. Que la cama se viniera abajo. Que no sólo la cama se viniera abajo.

Llevaba tanto tiempo dejándose llevar por la desidia, que estar allí sólo fue resultado de hacer caso al cartel, como el que gira obligatoriamente a la derecha, como el que paga sus impuestos, como el que dice Si, quiero ante el altar. Y de esa manera, se excusaba de cada responsabilidad. Todo era producto de seguir las señales de la carretera, de la sociedad, de la vida.

Salió de allí con un caramelo en la boca sabor a ambientador de coche. Pensó que sería la misma empresa la que diera aroma a los caramelos, ambientadores, y fregasuelos, el mismo pino del que todos procedían, el mismo bosque artificial que hacía del hombre un ser más civilizado, con aliento fresco, un coche con el olor corporal atenuado, y una casa con la esencia a cuadra más empañada.

Fue todo el camino cabreado con su miembro. Demasiado tiempo cada uno por su lado, imponiéndose actitudes mutuamente, necesidades dispares, sin coordinación, elecciones sin consenso. Después sintió envidia, de que los deseos de su pene se satisficieran con tal simpleza, con unos billetes que podían proceder de cualquier trabajo, con el mismo anonimato que el de la chica que lo había servido. Mientras tanto, sus propias necesidades, esas que no son materiales, seguían sin concretarse, sin cubrirse, sin abrigarlo.

Después de todo, llegó a casa con el aliento más fresco, con un par de billetes menos, y con la sensación de haber descargado algo más que su semen. La casa le sonó más hueca. Para sí pensó que el amour nunca tendrá ese aroma a mentol.

lunes, 12 de abril de 2010 a las 7:29 p. m.

2 Comments to "Glamour"

Era domingo,dia cerrado para una noche absurda en la que acostarsepronto para que el primer madrugon de la semana no sobresaltara demasiado a los sentidos.
La semana pasada tardó media hora en salir de aquella habitacion impersonal y mal empapelada. Al abandonar el local cruzó el bar con la cabeza agachada para no tener que corresponder a la frase que el dueño le dirigia siempre que se marchaba" hasta pronto jefe". Lo evitaba para no sentirse un habitual mas, y lo odiaba porque nunca conseguia a pesar de salir con paso ligero mirando al suelo, volver a casa siendo alguien eventual en aquel lugar.
Ese domingo el desasosiego condujo por él sin necesidad de preguntar el rumbo. "Amour" pronunciado bajito sonaba bastante bien, incluso prometedor. Un curva mas y de nada serviria la ducha que se dió antes de salir de casa, esa con la iniciaba el bucle del sin sabor. una curva mas para reafirmar la clase de tipo que era, el bastardo que siempre despunto bajo su aire educado y silencioso. una curva que nunca llego a tomar. cien metros antes un coche humeante parado en el arcen le hizó detenerse. Podia perder la dignidad cada semana pero era una buena persona. y no supo por qué lo primero que hizo al bajar del auto fue abrazar a la mujer que miraba paralizada como el fuego fundia su vehiculo.Él la apretaba entres sus brazos intentando desacer el hechizo que la mantenia petrificada. La subio en su coche dulcemente, como quien tira de un niño que sigue la inercia del movimiento que lo guia con la cabeza girada mirando hacia a tras algo que le llamó mucho la atención.
Su casa nunca estaba muy limpia pero era el unico sitio que se le ocurrió; despues de aquel local de las afueras no conocia mas camas ni sofás,en los que pudiera descansar esa mujer, asi que era la unica opcion. Pero esta vez, condujo él y no su agonia. qué raro, era el primer dia que hacia ese camino de regreso sin sentir asco de si mismo. Ella no habló, solo miraba casi sin pestañear hacia el frente, si, no tenia pinta de ser la clase de persona que volvia la mirada al dejar algo a trás. Él tampoco dijo nada, tenia miedo, actuar sin tarifa establecida le asustaba, le ponia incomodo.Se limitó a conducir, aparcó frente a su portal y mirandose los zapatos dijo " vivo aqui, le ofrezco mi casa para que pase la noche, descanse y se tranquilice. si quiere dormiré aqui mismo para no molestarla. tome lo que necesite, no se preocupe". Lo habia hecho, el dialogo seguido, con voz segura y sin fisuras, nunca le salian tantas palabras en las habitaciones del amour. Sonrió dandose una palmadita en la en la espalda sin percibir el movimiento de la mujer. Ella lo miró por primera vez,fue extraño, lo hizo como una madre a un niño huerfano que pide un poco de pan, con esa extraña dulzura que tiene mas de compasión que de agradecimiento. Le acarició la cara muy despacio con las dos manos y se echo en su hombro. "Yo también dormire en el coche"
Él la acurrucó y hundio la cara entre su cabello.
por fin sabia a qué olia el amour.

Te has dado cuenta?...
lo has salvado. Del bucle, de una noche mísere, de la miseria del alma, de la entropía hacia la que se abocaba.
Y no es orden lo que le diste. Sino un camino que salió como una tangente curvilínea.. en una curva.
Y sí..¿lo sabías? es verdad que existe esa curva, pronunciada, limitada a 80km/h.
Lo has salvado. Y el pelo huele... a salvación.

No ves lo que eres capaz de hacer. Porque lo has salvado.