Portugal II (Oporto)



OPORTO

La pensión se llama Residencial Cristo-Rei, en calle D. Alves da Veiga, la habitación individual por 25€/noche, la doble también a buen precio. Baño compartido entre las habitaciones de la misma planta, aunque dentro de cada una hay un lavabo, y en algunas, ducha. La limpieza, en general, deficiente, y en caso del baño, ausente. La impresión no llega a ser buena, si se pretende pasar bastantes horas en la pensión, pero si es sólo llegar reventada de caminar todo el día y dormir, se acepta. La clave está en no disponer de mucho tiempo para fijarse en las cosas. Se trata de un sitio muy concurrido por jóvenes, ahí estamos los estudiantes con poca pasta para viajar. No sirven comidas, pero hay un detalle que revaloriza el lugar. Tiene una salita comedor, para llevar allí comida de fuera (comprándola en un super cercano, o lo que lleves de casa), creo recordar que tienen microondas y una cocinilla, así que está genial para apañarse allí bocadillos o calentar algo. La casera es una señora con mucho carácter, pero amable. Inmediatamente nos pasó unos callejeros y fue indicándonos qué era lo más llamativo para visitar, alguna línea de bus para tomar, y que fuéramos a las bodegas a pillarnos una buena con los vinos. Nos guiamos totalmente por sus palabras, aunque finalmente no pudimos entrar a las bodegas.

Las gaviotas se escuchaban cada vez que me desperté por la madrugada, y con más brío durante la mañana, de un día claro, pero sin sol al principio. Los destartalados tejados de los edificios de enfrente me saludaron al asomarme al balcón. Las tejas son distintas a las de aquí, más gruesas, un color más vivo, y en minionda… Gran número de los edificios están cubiertos en su fachada por azulejo. Creo que la cerámica es algo típico allí. Comenzamos la mañana desde el barrio más comercial, hacia la avenida de los aliados, en la que destaca un bulevar con edificios de noble construcción, alberga tiendas y el mcdonald (por si le interesa a alguien) y al fondo la culmina la gran cámara municipal.

Hacia abajo, una estatua de un rey… se estila mucho las estatuas, sobre todo de metal, y ya tomamos dirección hacia la Torre dos Clérigos, a la que accedimos tras una visita rápida a la iglesia, cuesta 2e subir los 225 escalones, pero merece la pena, la panorámica lo remunera, sobretodo si supiéramos qué era lo que veíamos.

Seguimos por los jardines de Cordoaria, de los que llaman la atención unos extraños árboles que mejor no explicar. El objetivo era ver el palacio de cristal de unos jardines aledaños, con sus pavos reales, gente de domingo paseando, hay un museo romántico que no vimos, y un parque completado con un estanque y puentecillo incluido. Allí sacamos los bocadillos, con vistas a la desembocadura del Douro (Duero)… inmejorable. Después de algún incidente con las palomas y gaviotas ansiosas por nuestras migajas, retomamos hacia el casco antiguo, callejuelas desniveladas de ciudad añeja, pasamos por plaza infante Henrique, Iglesia de S. Nicolau (con fachada de azulejo), íbamos a entrar a la Iglesia S. Lorenzo, pero no era gratis, así que continuamos andando sin intención de pagar por nuestros pasos. Por la ribera hay un agradable paseo, salpicado de tiendecillas de artesanía y souvenirs, tomamos café en una cafetería del mismo muelle, al solecito, que nos sentó de muerte, el sol, porque el capuccino estaba aguado. Buscamos la catedral, muy mal indicada, y no era gran cosa, la verdad, como otras iglesias.

Satisfecha nuestra curiosidad, pusimos rumbo a la otra parte del río, hacia las bodegas, atravesando el Ponte D. Luiz, un magnífico esqueleto de hierro al descubierto, por arriba discurre el metro, y en la parte baja va el tráfico normal, ambos tienen aceras. Estuvimos tirados en un césped frecuentado por jóvenes parejas, la primavera brotando… y yo me acordaba de alguien. Acudimos a las bodegas tarde, cerraban los pases justo a las seis de la tarde, y en estos incluyen un viajecillo en los barcos de madera que amarran para tal fin en la ribera. Dicen que dentro de la bodega dan a degustar varios tipos de Oporto, y que te pones piripi. Creo recordar que costaba 6e. Volvimos por la parte baja del puente, y descubrimos oportunamente el funicular, por 1.45e te sacas una tarjeta que sirve para 6 viajes, o una hora de duración máxima, válida para funicular, taxi, tranvía, metro, bus… Así que después tomamos el metro por ver qué tal. Ya estábamos cansados y no teníamos más gana de dar tumbos. Ah, hay un servicio de Tranvía Tour, por toda la ciudad, por 15e, claro, no lo cogimos.



Dejamos Oporto con lluvia. No sé si el color del cielo era por la lluvia o porque Oporto a las 8 de la mañana es así. No se escuchaban las gaviotas. El sol tanteaba la manera de abrirse paso en un día que ya estaba previsto sin él. Es como saber que va a perder en su lucha con las nubes, pero aguardando una de sus sorpresas.

Tras perder una hora para salir de la ciudad, conseguimos ir enlazando tramos hasta Coimbra. La lluvia se confabulaba con nuestra mala suerte, y arreciaba en los momentos en que debíamos prestar atención a los rótulos en la carretera.

jueves, 15 de abril de 2010 a las 5:19 p. m.

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