Un minuto

El primer día llovió. El segundo hizo viento. El tercero llovió e hizo viento. Las gotas de agua no caían, sino que impactaban. Las suicidas que se toparon con mi ventana tendrán larga vida, pues en mi memoria quedarán, lejos de la fosa común del charco. Algunas quedaron colgando de la barra horizontal de la reja, como el que burla la gravedad, mientras el viento las estiraba en sus duros envites, hasta que se rendían y se las llevaba hacia donde no las pudiera observar. A la última superviviente quise darle indulto, abrí la ventana e inclinándome hice por besarla. Como el metal al imán, como la gota de agua a los labios… ella se aferró a mí, la besé como si fuera el último de sus besos, la saboreé como si fuera la última que tragara, y murió dentro de mí, diluida entre mis componentes, y al hacerlo, nació en mí la responsabilidad de darle honor a su valentía y resistencia. Me dio su vida, frescura y transparencia. Yo sólo podía colaborar con darle sentido a la vida, su vida, ahora la mía, aunque sólo fuera en un minuto, y en ese minuto te dije, con su valentía y resistencia, […] Todo, te lo dije todo. El resto lo desconozco. Hoy me desperté y aún seguían resistiendo las gotas de agua frente al viento.

lunes, 21 de diciembre de 2009 a las 1:10 p. m.

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