El otro lado

Cada paso que doy me pesa mucho.
Un día escribí eso de: … y escribir tan pequeño que nadie lo pueda leer.
Otro día acudí a varias opciones, y no me abrieron la puerta, mientras escuchaba la respiración del que estaba detrás.
Muchos días dejé de lado a alguien, para socorrer a otro alguien.
No sé olvidar lo que debo enterrar.
La experiencia no me devuelve la imagen que quisiera ver en el espejo. La que hubo.
Cuando no perdono es porque no quiero perdonar.
Todo lo que digo sólo es la punta del iceberg. De la misa, sólo digo la mitad, y quien cree saber algo más, es la mitad de la mentira.
Impotencia e incertidumbre.
Escribir frases en el aire.
Jugar con las letras de un nombre que ignoro.
Guardar las verdades de mi vida en un trozo de papel, entre la aleatoriedad de las páginas revueltas de una libreta en la que escribo empezando por el final, y de abajo arriba.
La caja que contiene mi desasosiego puesta boca abajo, y rebuscando algo que se pueda vender, penas adosadas a descuentos, ofertas de decepciones, el trigo limpio de una cosecha de fracasos, sueños marchitos del jardín de mis proyectos.
Tener la sensación superficial de que todo va bien, que esta rutina de lo mediocre es la normalidad que tanto ansío. Y mirarme desde fuera, y comprender que conformarme con la compañía de mi sombra es rendirse a la soledad. Reconocer que esa normalidad es una maquillaje que no me queda bien.
Que yo no soy como quieren que sea.


jueves, 10 de septiembre de 2009 a las 9:08 p. m.

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