Sin bautizar


Tristeza, separación - Astor piazzolla

Si no te importa, a Piazzolla me lo quedo yo. Tú puedes irte con el resto, que no es poco… mira, una vela, una cama desecha, mis bellas palabras, unas horas desenfrenadas, algunos orgasmos, la luna de aquellos días era muy bonita, puedes quedártela también, los nueve números que tiene tu teléfono, el cosquilleo de mi estómago, mi pasión disfrazada de timidez, el pelo chorreándonos por la cara, el frío de mis pies, unas cuántas noches y mis infructuosos esfuerzos por formar tu nombre con las estrellas, mis intentos por conquistarte, mis intentos por olvidarte, mis intentos por olvidarte, mis intentos por olvidarte…
No sabes cómo me jode haber usado al bandoneonísta contigo, haberte besado con él, haber jugado a amar con sus esquivas notas. Te parecerá que te lo llevas todo, que no me dejas con nada… será que todo lo que tú te quieras llevar tiene nombre, porque todo lo que hay en mí, eso que no has dejado salir, se quedó sin bautizar, y ahora no sé ni cómo clasificar, ni se podrá reciclar… cariño, con todo eso me quedo yo, con un millar de sensaciones sin rumbo, perdidas.
Con él recojo todo lo innombrable, besos y caricias despistadas, que se quedaron por aquí… por allá. ¿Y qué me importa la vela, ni la puñetera noche? Aquí están, de nuevo, ¿y qué? Que… que no estás tú, maldita seas. No, no me abras la ventana, que se me va el alma.
Y pensarás que escojo a Piazzolla por esta manía mía de la música. Qué sabrás tú de lo que te intenté expresar cuando el violín rasgaba el silencio, te arañé la espalda, te clavé la mirada… y…
Hoy todo se viene conmigo, con los tangos, en sus cuerdas se han enredado aquellas horas frenéticas de quererte, de abrirme a ti, de diluirme en ti. Pero tus gestos apenas me llegan como el último aliento de algo que se quedó sin bautizar, tú, sí tú, abortaste lo que sólo se me ocurre llamar Oportunidad.
Es curioso. La primera vez que escribí sobre Astor fue dirigiéndome a ti, aun sin saber que existías, justo el día que supe de ti. Escrito está, créeme, léelo. Lo que en esos instantes salió por mi inspiración fueron sensaciones posteriormente sentidas, apenas lo inventé y poco después lo viví. Sin saberlo, también, me encontré con la palabra Serendipia; y la confundí contigo, conmigo. Piazzolla y Serendipia no son más que apellidos de los padres adoptivos de una historia que nació anónima, huérfana, sin genealogía, sin descendencia, estéril, y con el tiempo, olvidada. Con el tiempo, cariño, con el tiempo.

martes, 29 de septiembre de 2009 a las 9:06 p. m.

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