Gritando verdades

Suele pasar que se tiene mucho que decir, pero sólo hay (en este idioma tan rico) una frase para expresarlo todo.
Últimamente sólo dispongo de un tema, y de una frase.
¿Para qué decirla? Contarlo todo a veces perjudica la comunicación. Por eso los medios informativos se guardan fotogramas de la actualidad. Por eso existen los puntos supensivos; los comienzos y los finales; los rollos y las historias verdaderas. Por eso yo no la digo. El misterio mantiene suspendido al vilo, a las noches en vela, las bocas abiertas, los barcos en flote. Y no callo. No me callo. No me oculto, porque nada tengo que temer para esconder. Grito con los ojos, sonriendo y pensando. Grito oyendo lo que los sordos no oyen. Lo que hay reservado para los infiltrados, para todos los desconocidos entre sí.
¿Cómo gritar algo que no tiene letras? Algo que sólo posee futuro, y nada de pasado, algo que sólo puede ser tocado y sentido, no comprendido. Ahora creo que el sentido común no es compresión, a la que una mayoría se subordina, naciendo de una minoría; que es más que aceptación, llevada por el conformismo y la ignorancia. ¿Para qué gritar si no escuchan? si sólo se guiarán por una actitud anticuada, por lo normal, o la revelación. ¿Por qué gritar sin poder explicar? Que su razonamiento radica en su propia definición, como si de un mínimo común múltiplo se tratase.

domingo, 2 de agosto de 2009 a las 11:23 a. m.

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