Indifference

Me divierte tu manera tan simple de resarcirte. Tan previsible, tan común, tan aburrida. Animal herido, gruñendo hasta el final, dominado por la ira, inconsciente de sus actos, impulsivo en sus ataques, agitándose hasta la extenuación, como la cola recién cortada de la lagartija; como a un niño, me divierte cruelmente comprobar como la muerte desgasta las fuerzas.
Qué cruel.
Yo, incondicional de los desvalidos, defensora de los desfavorecidos, abogada de los no-defendidos, me jacto de tus coletazos moribundos. Qué contradicción, ¿verdad?
Y ahora, batámonos en duelo, a ver quién siente más lástima por el otro. No, tú me das más lástima… ¡No! Tú me das más pena.
Tan previsible, que me supongo los pasos alternativos, tras leer esto, cuando pienses – Pues pondré lo que no esperas.
Reacciones sorpresas, encuentros bilaterales, daños colaterales… Me cansa esta guerra, y tú no te enteras de que luchas contra un fantasma, porque no soy otra cosa de lo un día fui. Ahí te dejo la pared (o el muro de tus lamentaciones) en ella puedes dejar un garabato, firma, derruirlo o pegarte cabezazos.
Pero no te pierdas las noticias, que aquí hablaré de mis batacazos, sin tapujos, para que el odio que empieza a comerte tenga alguna satisfacción. Sé de lo que hablo, yo sentía alivio de la desgracia ajena. No te sientas mal, es humano. Yo no te lo tendré en cuenta, pasé por lo mismo, no puedo acusarte de algo que tanto disfruté.

¿Qué ocurre? ¿Te salió ahora una vena moralista? No te escandalices tanto, querida, que en esta vida no sabemos qué sucios charcos nos darán de beber…

Ya me harté de la hipocresía, ésa de no decir las cosas tal cual suenan, cuando uno realmente las piensa. El gesto reprobatorio de lo correcto y educado, cada vez que un mal sentimiento o deseo se cuela por la conciencia, y enseguida es fusilado por el buen hacer.
Hubo un tiempo en que odiar se convirtió en mi desayuno, comida y cena, y todos me miraban con cara de pena. Hoy, esos “todos” se alegran por mi recuperación ad integrum, y me felicitan por mi capacidad de regeneración. Tanto ayer como hoy, no he escatimado en malas artes, sin hacer daño a nadie, todo bajo el silencio impreso de lo que no está bien visto, de noche y a escondidas… que nadie se entere de que el odio es una primera fase del desamor, pero tan necesaria para curarse como una buena limpieza de la herida. ¿Qué pasa si digo lo que pienso, tal cual lo pienso, sin adornarlo con un siento decirlo así o quisiera no ser tan dura? Si pincha, no te acerques; si no te gusta, ajo y agua; si te cabreas, dos trabajos tienes; y por fin, mi preferida: el que se pica… ajos come (gracias, Socia, por esta frase tan oportuna).

sábado, 3 de octubre de 2009 a las 6:07 p. m.

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