Jazmínez marchitos

Eran tus dedos cinco pétalos
en dos pequeñas flores de jazmín,
suave tu cuello, como su tersura
y así de blanca tu piel
frágil, blanca y pura.

Entre tus diez pétalos
he notado la suavidad,
pero no el cariño;
el hueco para el sentimiento
permanentemente vacío.

Unas horas después
los jazmines estaban marchitos
poco me dijeron, nada dejaron;
la vida se le había ido
al afecto que habías profesado.

Un año después,
tus dedos pueden ser jazmines
o quizá estropajo de esparto,
pero el cómo me acaricies
me trae sin cuidado,

porque yo ya tengo un jardín,
todo consiste en regarlo.

sábado, 3 de octubre de 2009 a las 6:51 p. m.

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