Sin título

Pienso en lo desesperante que es esperarte tras cada esquina.
Y pensar que logro dormir con esa desesperanza. Porque en los sueños se reparan las desazones, se cumplen los deseos, y consigo acariciarte sin que el remordimiento me domine, sin que otros ojos nos miren mal, principalmente los tuyos y los míos, tan inyectados de conciencia habitualmente.
Cómo mirarte sin reprimirme.
Cómo escribirte sin que te aludas.
Cómo saber que lo sabes y callas lo que yo.

De nuevo, el camino se divide en lo que fue, en lo que pudo ser, y en lo que no será.
De nuevo, mis letras frecuentan el código; de nuevo, tachones sobre líneas surrealistas que enmarañan el pensamiento fluido, que acorralan la concentración.
Y sé… que a pesar de hablar de caminos, de puertas, de oportunidades; todo, todo comienza en tu boca.



BOCA – MIGUEL HERNÁNDEZ
[…]
Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volver a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

- MIGUEL HERNÁNDEZ -

lunes, 26 de octubre de 2009 a las 11:53 a. m.

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